
Me dirigia a Alicante desde Elda, en mi flamante Mercedes recien estrenado y llegó una llamada a mi Movil (celular por estas latitudes). Creí que se trataba de una broma. Me increpaban por no haber acudido a una cita dandome a entender que esta era mi última oportunidad. El tono de la voz delataba a una mujer joven y a pesar de lo que para mi era un fingido enfado se intuia en la que hablaba una gran dulzura. Como solo podia tratarse de una broma o un equívoco pero me hacia gracia escuchar aquellos airados y a la vez dulcisimos reproches quise ver en que desembocaba todo aquello y seguí la farsa diciendo que lamentaba mucho no haber podido acudir pero que si me decia donde la podia encontrar iria de inmediato. Su indignación subió de tono al hacerle esta pregunta, porque segun ella, bien sabia yo donde podia encontrarla y fué entonces cuando me dijo: ¡Tu no eres Juan! ¿verdad?. Si soy Juan respondí. Pero no eres el Juan con el que creia estar hablando. No, le dije, yo soy mejor que él porque jamás te hubiese dejado esperando y si me dás una oportunidad te lo demostraré yendo a buscarte aunque estés al otro lado del mundo. Me quedé perplejo y volví a pensar que se trataba de una broma cuando sin mas comentarios me dijo que estaba en Elche, calle tal, número cual, piso segundo. En ese momento estaba llegando al cruce de La Monfortina en el que girando a la derecha podia coger la carretera hacia Elche y como siempre me ha gustado llegar al final de cualquier incognita no me lo pensé dos veces. Era un barrio pobre y la casa iba en consonancia con el barrio. La escalera estaba descuidada con algunas pintadas y letreritos que no me paré a leer, subí al segundo piso y habian dos puertas ¿cual seria?, una descarga de adrenalina me hizo casi temblar. Golpeé suavemente una de las puertas y me abrió una señora cubierta por un batín chabacano estampado en flores descoloridas. Creí que me habia equivocado de puerta y me quedé en silencio mirandola a los ojos sin saber que decir, cuando surgiendo por el pasillo apareció una preciosidad que sin dilación dijo ¿eres Juan?. No tendria mas de veinte años, era algo mas alta que yo, una altura perfecta para una mujer. Tenia unos ojos verdes que lucian explendorosos en una faz de piel dorada al igual que su pelo. Su voz como ya habia apreciado a través del telefono, dulcisima y su sonrisa desterró todos los miedos e incertidumbres que me aplastaban antes de verla aparecer. Su verdadero domicilio estaba en Alicante pero por razones obvias sus escaramuzas amorosas de las que subsistia, cubriendo con ello sus necesidades y las de la abuela y el hijo que la esperaban, las ejercia en Elche, al amparo de aquella "Madam" tan extravagante. No iba a ser este un encuentro en el que tuviese que echar mano de mis dotes de seducción ni jamás podria vanagloriarme relatandolo como una hazaña que encumbrase mi ego, pero la jovencisima mujer que tenia delante era una de las mas bellas que jamás habia visto y en su rostro se adivinaba una ternura y unos sentimientos que me hicieron olvidar su condición.
En el inevitable contacto me sorprendió el terrible calor que despedia su cuerpo; era agradable, estabamos en invierno y la habitación era mas bien fria, pero me dió que pensar, hasta tal punto que antes de despedirme acaricié su frente que ardia y le pregunte si estaba enferma. No, solamente tengo una pequeña molestia en el vientre, cosa de mujeres. Pero ese terrible calor que despedia delataba que algo grave debia tener. Le aconsejé que sin falta fuera al medico y me despedí. Ya en el coche no podia quitarme de la cabeza aquella chiquilla que sabia seguro no iba a hacer caso de mi consejo y a la que Dios sabe lo que le podria ocurrir. Volví a la casa y le dije que queria llevarla a una clínica; se negó diciendo que cuando volviese a Alicante ella lo haria. No la creí, se notaba en su cara. Insistí y le dije que yo la llevaba a Alicante y que cubriria todos los gastos y ante mi insistencia accedió. Ella misma me encaminó hasta un Hospital de las afueras. Al poco rato pasó a la consulta. Se hizo interminable mi espera y al abrirse la puerta me acerqué y le pregunté. Junto a ella estaba el facultativo, que me traspasó con una mirada de ira que no pude comprender y empujandola suavemente la condujo al ascensor. Yo subí con ellos sin que mediase una sola palabra por parte de ninguno y ya en el piso solicitado, el medico la cogió suavemente por el brazo y la encaminó al servicio de cirujia, siguiendolos yo a corta distancia hasta que el galeno con un despreció evidente me pidió que esperase en el pasillo. Si no hubiese sido porque le habia prometído que cubriria los gastos me hubiera marchado ¿Que hacia yo allí?, pero por otra parte me intrigaba el desprecio con el que el médico me habia mirado. Después de una larga espera salió una enfermera a la que pregunté que habia ocurrido. Me dijo que el aborto que le habiamos provocado habia matado al feto pero este no habia sido expulsado, llevandolo dentro en estado de putrefacción ya varios días y se estaba tratando de cortar una terrible infección que de haber tardado unas horas mas en venir hubiese avocado en una septicemia irreparable. Le explique que no conocia a esa chica de nada, que no tenia nada que ver con su aborto y que me habia limitado a llevarla al hospital por pura caridad y le rogué que le aclarase este punto al doctor, ya que me sentia muy mal al ver la forma tan despectiva con que me habia mirado. El medico, al salir, se dirigió a mi con otro talante, casi sonriente, y aunque no se disculpó supe que ya estaba al corriente de lo que le habia dicho a la enfermera. Me aseguró que se habia salvado de milagro, pero que debia permanecer hospitalizada algunos días por si tenia una recaida. Ya sabe Vd., la sangre ha tomado parte y aunque hemos llegado a tiempo nunca se sabe.
Tuve que ser su enlace mientras estuvo hospitalizada, pagué su cuenta y atendí a la abuela y al niño en sus necesidades hasta su regreso y durante el mes que no pudo "trabajar" le pasé una paga. Nunca, nunca le pedí que me devolviese el favor y cuando al cabo del tiempo la encontré por casualidad en un mercadillo y me contó que vivia con un hombre que la habia retirado y que la queria "de verdad" me alegré muchisimo. Cuando me despedia medio en serio medio en broma le dije. "¿ No te apeteceria que volvieramos a hacer el amor?" y ella me contestó: Juan, pideme cualquier cosa pero eso no ¿Comprendes?...Nos sonreimos con verdadero y mutuo cariño y ya nada he sabido de ella.
En el inevitable contacto me sorprendió el terrible calor que despedia su cuerpo; era agradable, estabamos en invierno y la habitación era mas bien fria, pero me dió que pensar, hasta tal punto que antes de despedirme acaricié su frente que ardia y le pregunte si estaba enferma. No, solamente tengo una pequeña molestia en el vientre, cosa de mujeres. Pero ese terrible calor que despedia delataba que algo grave debia tener. Le aconsejé que sin falta fuera al medico y me despedí. Ya en el coche no podia quitarme de la cabeza aquella chiquilla que sabia seguro no iba a hacer caso de mi consejo y a la que Dios sabe lo que le podria ocurrir. Volví a la casa y le dije que queria llevarla a una clínica; se negó diciendo que cuando volviese a Alicante ella lo haria. No la creí, se notaba en su cara. Insistí y le dije que yo la llevaba a Alicante y que cubriria todos los gastos y ante mi insistencia accedió. Ella misma me encaminó hasta un Hospital de las afueras. Al poco rato pasó a la consulta. Se hizo interminable mi espera y al abrirse la puerta me acerqué y le pregunté. Junto a ella estaba el facultativo, que me traspasó con una mirada de ira que no pude comprender y empujandola suavemente la condujo al ascensor. Yo subí con ellos sin que mediase una sola palabra por parte de ninguno y ya en el piso solicitado, el medico la cogió suavemente por el brazo y la encaminó al servicio de cirujia, siguiendolos yo a corta distancia hasta que el galeno con un despreció evidente me pidió que esperase en el pasillo. Si no hubiese sido porque le habia prometído que cubriria los gastos me hubiera marchado ¿Que hacia yo allí?, pero por otra parte me intrigaba el desprecio con el que el médico me habia mirado. Después de una larga espera salió una enfermera a la que pregunté que habia ocurrido. Me dijo que el aborto que le habiamos provocado habia matado al feto pero este no habia sido expulsado, llevandolo dentro en estado de putrefacción ya varios días y se estaba tratando de cortar una terrible infección que de haber tardado unas horas mas en venir hubiese avocado en una septicemia irreparable. Le explique que no conocia a esa chica de nada, que no tenia nada que ver con su aborto y que me habia limitado a llevarla al hospital por pura caridad y le rogué que le aclarase este punto al doctor, ya que me sentia muy mal al ver la forma tan despectiva con que me habia mirado. El medico, al salir, se dirigió a mi con otro talante, casi sonriente, y aunque no se disculpó supe que ya estaba al corriente de lo que le habia dicho a la enfermera. Me aseguró que se habia salvado de milagro, pero que debia permanecer hospitalizada algunos días por si tenia una recaida. Ya sabe Vd., la sangre ha tomado parte y aunque hemos llegado a tiempo nunca se sabe.
Tuve que ser su enlace mientras estuvo hospitalizada, pagué su cuenta y atendí a la abuela y al niño en sus necesidades hasta su regreso y durante el mes que no pudo "trabajar" le pasé una paga. Nunca, nunca le pedí que me devolviese el favor y cuando al cabo del tiempo la encontré por casualidad en un mercadillo y me contó que vivia con un hombre que la habia retirado y que la queria "de verdad" me alegré muchisimo. Cuando me despedia medio en serio medio en broma le dije. "¿ No te apeteceria que volvieramos a hacer el amor?" y ella me contestó: Juan, pideme cualquier cosa pero eso no ¿Comprendes?...Nos sonreimos con verdadero y mutuo cariño y ya nada he sabido de ella.