
Uno de ellos vino a ocupar mis tardes, ya que por mi trabajo en el banco disponia de ellas. Llevaba la contabilidad en un Mesón de carretera a unos veinte kilometros de mi casa. No diré el nombre por razones obvias que comprendereis si seguis leyendo este relato.
El edificio era grandisimo y en él se albergaba, además del mesón, una Residencia de Ancianos muy "sui generis" a la que entraba en muy pocas ocasiones, pero las suficientes como para comprobar su mal funcionamiento.
El cuidado de las viejas, ya que eran solo mujeres las que había, pesaba en casi su totalidad sobre una joven que hacía las veces de enfermera y de la que se desvanecian sus pocos encantos por su aspecto desidioso, su falta de higiene y su desmedida afición al mosto.
La limpieza la hacía una mujer de unos treinta y cinco años que venía solo por las mañanas. Guapa, muy limpia y lozana y con unos atributos ostentosos que en alguna ocasión me brindó, que además ayudaba en lo que podia a la "enfermera" en sus quehaceres con las viejas, que por cierto dejaban mucho que desear.
La dueña se ocupaba de la intendencia, coincidiendo siempre el menú de las pobres ancianas con el menú del día anterior del mesón, lo que daba mucho que pensar. Era además la depositaria de los objetos de algún valor de sus pupilas que con el tiempo pasaba a engrosar su patrimonio. Era ridícula su actitud ante las inquietudes de las viejas cuando alguna de ellas se sentia deprimida, amonestándolas como si de niñas pequeñas se tratara y empleando frases hechas de forma reiterativa que no aportaban la mas mínima luz al desencato de aquellas pobres personas que a pesar de la edad gozaban en su mayoria de una lucidez que en nada les favorecia dadas las circunstancias.
Yo normalmente ocupaba lo que era mi despacho, pero como mis necesidades a veces me obligaban a mas de lo que podia, acepté la propuesta que me hicieron de hacer la vigilancia nocturna de todo aquel edificio de diéz de la noche del sábado a las seis de la mañana del domingo, para que el guarda pudiese disfrutar su descanso semanal. No tuve inconveniente en aceptar porque era un suplemento muy apetecible, y tampoco lo pensé cuando me dijeron que ya que el barman acudia los domingos pasadas las once, podia yo abrir el bar al dejar la vigilancia y atender a los cazadores, cosa que hasta entonces habia hecho muy a regañadientes el dueño del mesón que consideró mi afán de lucro una oportunidad de oro para poder prolongar su descanso del domingo. Como para mi esto suponia otro suplemento a mis ingresos no dudé. Ya me veis, entre semana, en el Banco por la mañana, contable por las tardes y los fines de semana además de vigilante por la noche barman al amanecer hasta el medio día del domingo. Dije que se trataba de una Residencia de Ancianos muy "sui generis" porque era público y notorio entre los clientes del mesón, que en un momento de precisión siempre tenian a su alcance alguna de las habitaciones disponibles de la residencia, y era habitual que algunas noches, sobretodo los sábados, tocasen el timbre buscando alojamiento, parejas de "enamorados" para ocupar las camas libres de lo que tenia que ser una santa institución. Era pues muy frecuente el que se mezclasen los sollozos y suspiros de la viejas con los suspiros y gritos de pasión de los enamorados que en el silencio de la noche no podia evitar oir, habiendo algunos que formaban un verdadero escandalo. Todo este preambulo, que espero no os haya aburrido, no pretende otra cosa que situaros un poco en aquel lugar, para que comprendais mejor el como, el cuando y por qué de mi relato.
Una de tantas noches de aquellos sábados entró una pareja, la mujer era muy joven y el un mastodonte que parecia muy bruto. Los alojé cobrando adelantado como era costumbre y volví al salón para ver un rato la Tele. La ponia muy bajita para no molestar a nadie y poder además oir algún ruido extraño que pudiese ser sospechoso y a pesar del televisor llegaban hasta mi unos gritos ahogados, unos sollozos llenos de dolor y desesperación. Apague la tele para poder apreciarlos mejor y comprobé que se trataba de unos gritos de angustia infinita. Pensé que aquel mastodonte estaba haciendole algo a aquella pobre chica, que ella no queria o no podia soportar y mi espiritu quijotesco me apresuró hasta la habitación para intervenir si era necesario, pero cuando llegue a la puerta comprobé que los sollozos procedian de la habitación de una anciana que me habian dicho que se encontraba muy mal y que estaba completamente ulcerada. Me diriji a la salita donde solia hacer su guardia la "enfermera" y traté de despertarla pero estaba durmiendo una mona terrible que la tenia echada sobre el sofá como un fardo sin siquiera abrir los ojos a pesar de que la zarandeaba. La dejé por imposible y aunque no era de mi incunvencia, un impulso caritativo me empujó a acudir a la habitación de la anciana, encendí la lamparita y allí estaba completamente destapada, la piel sobre los huesos, los ojos se le salian de sus orbitas con una mirada de ansiedad y desesperación que me sobrecogió y su boca entreabierta dando salida exclusivamente a sus sollozos mostraba unos labios agrietados y secos que esperaban con ansiedad la llegada de sus lágrimas para poder humedecerse. Llené un vaso de agua del lavabo y lo acerque a su boca que abrevó con ansiedad. La arropé con la sábana y me senté a su lado cogiendola de la mano. Ella me miraba interrogante era evidente que no me conocia, pero con los ojos me pedia algo que yo no podia acertar y como si alguien me dictara le dije: Solo Dios y usted saben lo mucho que está sufriendo pero esta es una oportunidad que Dios le ofrece para que vaya directamente al Cielo, con su dolor y su desesperación está pagando por todos sus pecados. Cierre los ojos y ofrezcale al Señor todo su sufrimiento para el perdón de sus culpas y le aseguro que pronto estará con El eternamente enmedio de la mayor felicidad sin tener que pasar siquiera por el Purgatorio, bastante está sufriendo ya. Ella apretaba mi mano y se me antoja que incluso me sonreia. Cuando la ví mas calmada le dí un beso en la frente y la dejé con la luz de la lamparita. No volvió a quejarse ni esa noche ni a lo largo de todo el día siguiente, consumiendose poco a poco con una muerte dulce y sosegada.
Una de tantas noches de aquellos sábados entró una pareja, la mujer era muy joven y el un mastodonte que parecia muy bruto. Los alojé cobrando adelantado como era costumbre y volví al salón para ver un rato la Tele. La ponia muy bajita para no molestar a nadie y poder además oir algún ruido extraño que pudiese ser sospechoso y a pesar del televisor llegaban hasta mi unos gritos ahogados, unos sollozos llenos de dolor y desesperación. Apague la tele para poder apreciarlos mejor y comprobé que se trataba de unos gritos de angustia infinita. Pensé que aquel mastodonte estaba haciendole algo a aquella pobre chica, que ella no queria o no podia soportar y mi espiritu quijotesco me apresuró hasta la habitación para intervenir si era necesario, pero cuando llegue a la puerta comprobé que los sollozos procedian de la habitación de una anciana que me habian dicho que se encontraba muy mal y que estaba completamente ulcerada. Me diriji a la salita donde solia hacer su guardia la "enfermera" y traté de despertarla pero estaba durmiendo una mona terrible que la tenia echada sobre el sofá como un fardo sin siquiera abrir los ojos a pesar de que la zarandeaba. La dejé por imposible y aunque no era de mi incunvencia, un impulso caritativo me empujó a acudir a la habitación de la anciana, encendí la lamparita y allí estaba completamente destapada, la piel sobre los huesos, los ojos se le salian de sus orbitas con una mirada de ansiedad y desesperación que me sobrecogió y su boca entreabierta dando salida exclusivamente a sus sollozos mostraba unos labios agrietados y secos que esperaban con ansiedad la llegada de sus lágrimas para poder humedecerse. Llené un vaso de agua del lavabo y lo acerque a su boca que abrevó con ansiedad. La arropé con la sábana y me senté a su lado cogiendola de la mano. Ella me miraba interrogante era evidente que no me conocia, pero con los ojos me pedia algo que yo no podia acertar y como si alguien me dictara le dije: Solo Dios y usted saben lo mucho que está sufriendo pero esta es una oportunidad que Dios le ofrece para que vaya directamente al Cielo, con su dolor y su desesperación está pagando por todos sus pecados. Cierre los ojos y ofrezcale al Señor todo su sufrimiento para el perdón de sus culpas y le aseguro que pronto estará con El eternamente enmedio de la mayor felicidad sin tener que pasar siquiera por el Purgatorio, bastante está sufriendo ya. Ella apretaba mi mano y se me antoja que incluso me sonreia. Cuando la ví mas calmada le dí un beso en la frente y la dejé con la luz de la lamparita. No volvió a quejarse ni esa noche ni a lo largo de todo el día siguiente, consumiendose poco a poco con una muerte dulce y sosegada.
Acuérdate de mí desde la Gloria.