sábado, 9 de enero de 2010

UN INDICATIVO DE LA MISERIA

Mi vecina nesesita una chica de servicio. Para este tipo de trabajo los salarios son escasamente la mitad del salario mínimo y en el día a día la tarea no suele ser muy gratificante para las que prestan este tipo de asistencia, entre otras cosas, porque están muy arraigadas las jerarquias y por muy progres que quieran ser los patronos siempre está presente el distanciamiento que situa a cada cual en su estatus, haciendo imposible olvidar quien es quien, contemplada la relación desde cualquier perspectiva.
Siempre ha habido "clases", pero por estas tierras sudamericanas se palpa esta diferencia ante un servilismo que hace mas patente si cabe es despotismo generalizado de los patrones, especialmente en este tipo de servicios domésticos. No es este precisamente el tema del que trato de hablar, aunque si he querido dejarlo patente para que cada cual pueda imaginar que, por lógica, entre las ambiciones de cualquier joven o menos joven, nunca estará presente el prestar sus servicios en una casa como asistenta y si lo hace será empujada por una necesidad fuera de lo común; lo que sumado a que en casas donde llegán a final de mes con bastante dificultad tienen chica de servicio, nos dará la conclusión de que en la casa de donde procede esa chica de servicio lo deben de estar pasando francamente mal.
Y aquí viene el caso que dá lugar al presente relato, completamente real y del que soy téstigo de primera fila. En la mayoria de los pueblecitos del territorio nacional de Colombia hay una desesperante necesidad de trabajo. En un porcentaje elevadisimo de las familias se pasa hambre. El que tiene un trabajo fijo que le permite desayunar, almorzar y cenar aunque sea pobremente es un privilegiado. Agotados todos los recursos locales, el primer paso para salir de esa situación es la emigración del cabeza de familia, normalmente a Venezuela, pero por falta de medios tienen que vender lo poco de lo que disponen y conseguir lo que les falta de forma más o menos ortodoxa, para un pasaje ilegal cuya aventura en el trayecto le deparará mil una calamidades, colmadas al final, tras largas estancias para los afortunados, en las que las esposas y los hijos esperaran, sobreviviendo el día a día con lo poco que el emigrado puede mandarles, en la mas absoluta de las miserias, para a su regreso ver que lo ahorrado, al cambio, se le transforma en algo menos de la cuarta parte, es decir una miseria que consumen, para quitarse el hambre, en el primer mes tras el regreso de un viaje que para todos ha sido un infierno.
Fracasado el padre de familia y con estadisticas de díez a quince días de trabajo cada tres o cuatro meses, es la mujer, si los niños son pequeños o la rapaza adolescente si la tienen la que emprende la aventura, tambien en solitario, de acogerse en cualquier casa de familia de la Capital, o cualquier ciudad importante del Departamento, para a la vez que come, poder enviar a su casa lo que esté en su mano y con ello paliar el hambre de sus padres y sus hermanos.
Y he aquí la prueba evidente de una angustiosa necesidad, que no habria sido para mi tan evidente, de no haber sido téstigo de lo que sigue: Un jovencisimo padre, pero cargado ya de tres hijos, regresado de Venezuela hace unos meses, a cuya familia, mi esposa y yo ayudamos economicamente durante su ausencia, me pidió trabajo reiteradamente, sin que nada pudiera hacer por el, hasta que a la vista de la desesperada situación por la que pasaba decidí llamarlo para bajo el amparo de mi techo, el alimento de mi mesa y mi colaboración economica para que su familia pudiera hacer todas las comidas del día dignamente, saliese de aquel agujero y aquí en Barranquilla pudiese encontrar un trabajo que le permitiera sobrevivir con un mínimo de dignidad. A la vista de la demora, le llamé por telefono y me contestó que le habia sido imposible conseguir pasaje y aunque me pareció extraño pensé que dadas las fechas, visperas de fin de año, pudiera ser dificil encontrar un pasaje. Pasado el tiempo y tras recibir una amplia información sobre la situación en que se encuentran tantísimas familias, cosa que ya conocia pero no hasta tales extremos y dado el que mi vecina como ya dije al principio necesitaba una chica de servicio, consideré que era una buena oportunidad para que viniera la hermana de mi invitado a ocupar esa plaza y de este modo mejorar su propia situación y la de sus padres a través de su ayuda.
Que raro me pareció el que no acudiese de inmediato ante tan buena nueva y cual mi sorpresa al preguntarle al hermano el motivo de tal retraso y contestarme que estaba consiguiendo el pasaje. Al hablar de conseguir el pasaje, tanto en su caso como en el de su hermana, se referian a "conseguir el dinero para el pasaje", cosa que en un principio yo no habia llegado a entender, "ESTABA TRATANDO DE CONSEGUIR EL QUIVALENTE A 1,33 EUROS. Pero lo que realmente me ha dejado a cuadros es la llamada telefonica que he recibido de una prima carnal de mis auspiciados que textualmente me dice: "Señor Juan, soy fulanita de tal y queria decirle que mi prima no ha podido conseguir de ningún modo el dinero para el pasaje, pero como yo si que lo he conseguido ¿Podria ir yo a ocupar el puesto que tenia usted para mi prima?
¡Que cada cual saque sus propias conclusiones!, yo me remito al título.

3 comentarios:

Txema Rico dijo...

Sí Juan sí, así están las cosas para una parte de nuestros prójimos...Qué afortunado me siento con poder llegar a fin de mes holgadamente y ver a mis hijos con sus necesidades colmadas...!!!
Leyendo relatos como este, uno llega a entender la desesperación por venirsea la "Madre Patria" a la "tierra prometida" al "maná", aunque todos sabemos que de eso nada de nada. Lo que mas me jode del fenónmeno migratorio no son los emigrantes, en nuestro caso como país receptor, inmigrantes. Lo que me jode como español es la mala administración social y económica que hace nuestro gobierno de este ingente contingente humano...No sigo porque me mosqueo...y no quiero. Feliz año para tí y tu familia colombiana desde una nevada Almafrá Alta.

JuanRa Diablo dijo...

Vaya, la historia es súmamente triste. Y desde nuestra cómoda posición resulta hasta difícil de entender. Al contarnos el caso de esta familia en concreto siento el impulso de decirte que les ayudes en la medida de lo posible, pero luego pienso que sin duda es una más de tantas familias desfavorecidas de Colombia y me lleno de frustración.
Qué absurdos somos preocupándonos por tantas nimiedades cuando hay gente que sólo piensa en sobrevivir día tras día.
Un abrazo.
PD. En Yecla también está nevando en estos momentos.

Io dijo...

Este tipo de historias le hacen a uno sentirse millonario. Ayer mismo me crucé con un hombre que recogía colillas del suelo para poder dar una caladita. Me paré y le dí unos cuantos cigarrillos, y recordé la fábula de los altramuces; siempre hay alguien más pobre que tú.

La mayoría de mis clientes son inmigrantes que vienen a enviar dinero a sus familias, y ellos mismos me cuentan que los cien o doscientos euros que mandan suponen una pequeña fortuna en el país de destino.

Sigo sin comprender que el mundo esté tan desequilibrado, pero creo que relatos como este se deberían publicar a todas horas, porque la mayoría de las veces nos quejamos por tonterías, y no sabemos apreciar lo que tenemos.

Besos!