En Orito, una Pedania de Monforte del Cid y bastante alejada de la Aldea, se ubica desde no sé cuando la Ermita de San Pascual Bailón, hermano laico de los frailes descalzos de San Francisco. Está emplazada en lo alto de un cerro que al sur y al este domina toda una campiña de vides que recuerdo como un vergel y a cuyo poniente y norte se aprecian alguna colinas, estribaciones del cerro principal, que vierten las aguas de las lluvias a través de sus laderas sobre un paraje semidesertico e inhospito de quebradas y alvares socavados por las lluvias torrenciales cuyas avalanchas abrieron en sus tierras blanquecinas, a lo largo del tiempo, amplios y profundos caminos que en una encrucijada que se pierde hasta donde la vista alcanza, forma un laberinto gigantesco y sobrecogedor, sin mas vegetación que espartos y algunos pinos distanciados y raquiticos que descarnadas sus raices sobreviven por un milagro de la naturaleza.
En lo alto del cerro, casi incrustada entre las rocas está emplazada la Ermita, que antaño no era mas que una pequeña concavidad en la que el Santo, pastor de cabras, se refugiaba de las inclemencias del tiempo y en la que tras su muerte y canonización fué instalada, tallada en madera, su imagen que en verdad tiene tal sencillez y es tan acertada y natural su expresión que cuando te acercas sientes un inmenso deseo de haberlo podido conocer personalmente. Tal es el talante de ese San Pascual, que inspira confianza y despierta devoción.
Aunque de lejos, siempre que pasabamos con el coche frente a la Ermita, camino de Alicante, ya mi madre cuando vivia, o mi esposa cuando mi madre nos dejó, decian en voz alta:Pascual ¿que haces? y todos contestabamos: "Señor, contemplo" y ya todos: "Bendito sea el Santisimo Sacramento", estas frases se repetian tres veces y después rezabamos un Padre Nuestro.
El acceso de los penitentes a la cueva se realizaba por una rampa, tan descarnada ya por la erosión que era dificilisimo el ascenso, por lo que las personas que no estaban en plenas facultades físicas tenian que dar un gran rodeo por un sendero también abrupto pero mas transitable.
Rodeando al Santo y sin un hueco que no estuviera ocupado, tanto en el techo como en las paredes, colgaban las ofrendas que sus fieles habian depositado en reconocimiento a las concesiones que el Bendito San Pascual les habia hecho y en los días de su fiesta, día 17 de Mayo acudian de todos los rincones penitentes,fieles, curiosos, invalidos, enfermos, pobres y desahuciados además de una caterva de tullidos que exhibian sus miserias esperando una limosna por caridad. Los tiempos cambiaron y se amplió el recinto de la cueva y anexo a la misma se construyó una nave socavada en la roca para poder dar cabida a un mayor número de personas. En otra, de obra, se instalaron las ofrendas y aún se hizo una más para encender las velas y luminarias que antes se encendian en el altar y que por su número provocaron en cierta ocasión un conato de incendio que puso en peligro la integridad de la imagen. Los alrrededores de la Ermita que antes eran de tierra y a veces barro fueron embaldosados y el sendero del que hablé anteriormente se ensanchó y se pavimentó, permitiendo la subida de los coches hasta un extenso aparcamiento a pocos pasos de la Ermita.
Quizás todos estos cambios puedan influirnos negativamente al haber transformado el entorno en el que aquel Santo se movia y pueda hacernos intuir un trasfondo puramente comercial alrrededor de su figura que pueda mermar ese sentimiento que surgia en la intimidad de su prístino refugio, pero la realidad es que si acudimos a él fuera de las fiestas señaladas y en horas que no es lógica ninguna concurrencia, especialmente en el atardecer en que a lo sumo podemos encontrar algún fraile de la aldea orando en cualquier rincón; ante su presencia y bajo su mirada que parece decirnos que no hagamos caso a cuanto nos rodea, podemos sentir lo que en el solo debemos buscar, sin que el mundano juicio de nuestra mente perturbe el hondo sentimiento de nuestra alma, como hacen los que todavia eligen la rampa erosionada para llegar a su Santo de devoción a pesar de que las fuerzas ya no les acompañan. La Penitencia no es una imposición que llega desde fuera, es una necesidad que surge de nosotros mismos y si no nos llama, no debemos criticar a los que así lo sienten, ni justificar nuesro rechazo por la mentira que a la VERDAD rodea.
En lo alto del cerro, casi incrustada entre las rocas está emplazada la Ermita, que antaño no era mas que una pequeña concavidad en la que el Santo, pastor de cabras, se refugiaba de las inclemencias del tiempo y en la que tras su muerte y canonización fué instalada, tallada en madera, su imagen que en verdad tiene tal sencillez y es tan acertada y natural su expresión que cuando te acercas sientes un inmenso deseo de haberlo podido conocer personalmente. Tal es el talante de ese San Pascual, que inspira confianza y despierta devoción.
Aunque de lejos, siempre que pasabamos con el coche frente a la Ermita, camino de Alicante, ya mi madre cuando vivia, o mi esposa cuando mi madre nos dejó, decian en voz alta:Pascual ¿que haces? y todos contestabamos: "Señor, contemplo" y ya todos: "Bendito sea el Santisimo Sacramento", estas frases se repetian tres veces y después rezabamos un Padre Nuestro.
El acceso de los penitentes a la cueva se realizaba por una rampa, tan descarnada ya por la erosión que era dificilisimo el ascenso, por lo que las personas que no estaban en plenas facultades físicas tenian que dar un gran rodeo por un sendero también abrupto pero mas transitable.
Rodeando al Santo y sin un hueco que no estuviera ocupado, tanto en el techo como en las paredes, colgaban las ofrendas que sus fieles habian depositado en reconocimiento a las concesiones que el Bendito San Pascual les habia hecho y en los días de su fiesta, día 17 de Mayo acudian de todos los rincones penitentes,fieles, curiosos, invalidos, enfermos, pobres y desahuciados además de una caterva de tullidos que exhibian sus miserias esperando una limosna por caridad. Los tiempos cambiaron y se amplió el recinto de la cueva y anexo a la misma se construyó una nave socavada en la roca para poder dar cabida a un mayor número de personas. En otra, de obra, se instalaron las ofrendas y aún se hizo una más para encender las velas y luminarias que antes se encendian en el altar y que por su número provocaron en cierta ocasión un conato de incendio que puso en peligro la integridad de la imagen. Los alrrededores de la Ermita que antes eran de tierra y a veces barro fueron embaldosados y el sendero del que hablé anteriormente se ensanchó y se pavimentó, permitiendo la subida de los coches hasta un extenso aparcamiento a pocos pasos de la Ermita.
Quizás todos estos cambios puedan influirnos negativamente al haber transformado el entorno en el que aquel Santo se movia y pueda hacernos intuir un trasfondo puramente comercial alrrededor de su figura que pueda mermar ese sentimiento que surgia en la intimidad de su prístino refugio, pero la realidad es que si acudimos a él fuera de las fiestas señaladas y en horas que no es lógica ninguna concurrencia, especialmente en el atardecer en que a lo sumo podemos encontrar algún fraile de la aldea orando en cualquier rincón; ante su presencia y bajo su mirada que parece decirnos que no hagamos caso a cuanto nos rodea, podemos sentir lo que en el solo debemos buscar, sin que el mundano juicio de nuestra mente perturbe el hondo sentimiento de nuestra alma, como hacen los que todavia eligen la rampa erosionada para llegar a su Santo de devoción a pesar de que las fuerzas ya no les acompañan. La Penitencia no es una imposición que llega desde fuera, es una necesidad que surge de nosotros mismos y si no nos llama, no debemos criticar a los que así lo sienten, ni justificar nuesro rechazo por la mentira que a la VERDAD rodea.